Los motivos por los que el hombre empezó a vestirse, han sido muy discutidos, pudo ser por necesidad, por un motivo de ornamentación, por abrigarse, por el afán de ostentación dignataria o por atracción sexual.
Parece ser que los primeros motivos que indujeron al hombre a complementar su cuerpo, ya sea decorándolo con pinturas o tatuajes, con adornos de pequeños elementos como joyas o amuletos, o con plumas y pieles confeccionadas, era para cubrir las partes más sensibles de su cuerpo del frío o del calor.
Pero lo que sí es cierto es que no parece que el pudor fuera la causa primordial del vestido.
Esto se puede apreciar en las costumbres de muchos de los actuales pueblos primitivos que no relacionan el cubrirse con el recato, ni el descubrirse con el instinto sexual. Por otro lado, uno de los aspectos interesantes son los complementos que, como nacieron junto al traje, es importante hacer referencia de los diferentes adornos y joyas que lo complementan.
Existen numerosas sustancias, formas y elementos que el hombre emplea y por ello son innumerables los recursos que puede encontrar para el realce y la decoración de su cuerpo; por eso destaca la importancia que el traje de todas las épocas, razas y latitudes tiene como exponente preciso del sentir artístico, del desarrolla imaginativo, del gusto estético, es decir del pueblo que lo lleva.
Otro aspecto importante es la función del clima, que es el primer condicionante del traje. El clima decide la forma y estructura del vestido. En cuanto a los adornos y joyas, que en un principio se hicieron con elementos proporcionados por la naturaleza, pronto dejaron paso a los metales como elemento principal de ostentación y riqueza.
Como es sabido el traje y sus complementos han ido evolucionando a lo largo de los siglos pasando en todos ellos por diferentes tendencias.
El Botón
Hasta que en 1350 los cruzados lo trajeron a Europa, para atar la ropa sólo existían los corchetes, que usaban los ricos, y los nudos o los ganchos que usaban los más pobres.
Uno de los primeros usos que se le dio al botón fue el de fijar las estrechas mangas de las mujeres, (de clase alta), que hasta entonces necesitaban de ayuda para cosérselas diariamente. El hecho provocó críticas, ya que la novedad permitía a las mujeres desnudarse rápidamente.
En la corte de Fernando III el Santo, y en la de su primo San Luis, rey de Francia, el botón adquirió una enorme importancia. Al lujo del vestido se unió el de las joyas y alhajas, entre las que se contaba el botón, que sustituyó al broche. En el siglo XV, en la corte de Enrique IV de Castilla, el botón amplió su ámbito de uso, usándose para decorar las mangas y hombreras y sustituyendo, poco a poco, a las pasamanerías.
Es ahora cuando realmente se convierte en un objeto de deseo, llegando a finales de la Edad Media, a ser distintivo de clase social, de nobleza y buen gusto. Como también sucedió con los alfileres, el botón se convirtió en objeto de especulación. Hubo acaparadores que los sacaban al mercado de nuevo cuando éste se hallaba desabastecido.
Lo mismo que había sucedido con los alfileres, también con los botones se arruinaron muchos. Sobre todo, cuando empezó a ser un elemento más funcional que ornamental, cosa que sucedió en Inglaterra hacia 1750.
La Camisa
La camisa de vestir del caballero, y su símbolo, ha sido tradicionalmente la camisa blanca. La camisa tradicional no lleva bolsillo en el delantero. Estos se incorporaron cuando el chaleco fue cayendo en desuso, pero, aún en el caso de tener bolsillos, a un caballero no se le ocurriría jamás meter nada en ellos.
Las primeras camisas se metían directamente por la cabeza, y hubo que esperar hasta que en 1871, Brown, Davis & Co. De Aldermanbury registraran el primer diseño en Inglaterra “estilo abrigo”, abierto de arriba abajo en la parte delantera.
La camisa de rayas, conocida como "camisa de regatas", por usarse en estos acontecimientos deportivos, nació hacia 1870, y no se aceptaba como vestimenta formal. Para conseguirlo, hubo que añadirle puños y cuello blancos, que demostraban que con el color no se trataba de ocultar la suciedad.
Este estilo aún perdura en la City, el centro financiero de Londres. A principios de siglo (XX), coincidiendo con el abandono del corbatón, se puso de moda el cuello actual con vuelta, y hacia 1930 se celebró con gran júbilo la llegada del cuello Van Heusen, cuya tela iba tejida al bies para que sentara mejor, y llevaba incorporada la línea por la que se dobla.
La Corbata
El orígen de la corbata es antiguo. Incluso entre los romanos se encuentran indicios de algo que recuerda a la corbata. El más ilustre de ellos, Augusto, que era enfermizo y friolero, usaba en privado su focale, para protegerse la garganta. Caída en desuso, reaparece hacia 1660 con los regimientos de soldados croatas, cuyas croatas impresionaron en la fastuosa corte de Luis XIV, comenzando así la historia de la corbata moderna.
Pero, la hoy clásica corbata fue, en su día, una extravagancia. Y, así, en Francia, en el siglo XVII, el reglamento disciplinario del colegio calvinista de Puylaurens, en el Languedoc, advertía sobre el comportamiento que debían tener los estudiantes, e indicaba: "Los estudiantes de teología serán modestos en su indumentaria , y no llevarán ni corbatas, ni cañas o bastones, ni otras cosas contrarias a la modestia".
La actual versión de la corbata, estrecha y colocada debajo del cuello de la camisa, se desarrolló hacia finales del siglo XIX, pues en los dos siglos anteriores ésta consistía en una amplia tira drapeada o plegada sobre el pecho y anudada según modalidades diversas.
En la actualidad existe cierta tendencia al regreso de las joyas masculinas, pero un verdadero señor dificilmente se deja engañar; puesto que sabe que las joyas permitidas al hombre son muy pocas: aparte del reloj y la alianza, los gemelos y el alfiler de corbata componen la relación. El pasador de pinza se prende en el borde de la camisa, más o menos a la altura del cuarto botón desde arriba, de forma que quede escondido cuando la chaqueta se abotona.
El Pantalón
Fueron los germanos y los celtas los que llevaron los pantalones hasta Roma, en el siglo IV antes de Cristo. Tuvieron tal éxito que en diversas ocasiones llegó a prohibirse, por ley, su uso a los ciudadanos romanos. Curiosamente, volvieron a caer en total desuso. Su recuperación tiene lugar en la Revolución Francesa, cuando los "sans culottes" imponen su prenda como reivindicación frente al calzón corto de los nobles.
Al rey Eduardo VII, de Inglaterra (1841-1910), se le atribuye la novedad de la vuelta en el bajo del pantalón, cosa que, al parecer, hizo un día de lluvia, para no mancharse. Eduardo, que en su época era el espejo donde se miraban todos los elegantes, se vio inmediatamente copiado. Aunque pueda parecer mentira, hasta 1895 los pantalones se llevaban como los actuales vaqueros: la raya no se planchaba.
Bolsillos
Tan simples e indispensables son los bolsillos en un pantalón, que cuesta creer que no existían antes de las últimas décadas del siglo XVI. Monedas, llaves y objetos personales se envolvían en un trozo de tela, una bolsa improvisada, y se ataban a cualquier parte del atuendo personal. En el siglo XVI, un lugar corriente donde llevar el hombre sus efectos personales era la bolsa frontal que formaban sus calzones.
Tuvo su origen como abertura o bragueta, pero cayó en desuso cuando su exagerado tamaño llegó a resultar ridículo y embarazoso. La moda de la época dictaba que esta pieza de quitaipón se forrase con tela gruesa, y así se convirtió en lugar ideal para transportar la bolsa que contenía las pertenencias más valiosas.
Después se mantuvo la bolsa interior, pero más pequeña y provista de un cordón que sobresalía de la cintura, con lo que dio un paso más para convertirse en el forro que es en realidad el bolsillo.
Los primeros bolsillos en calzas y calzones aparecieron muy a fines del siglo XVI y evolucionaron en dos fases. Primero se practicó una abertura como costura exterior en los calzones, por entonces muy ajustados, y en esta abertura se introducía la bolsa de tela con las pertenencias del usuario.
Esta bolsa independiente no tardaría en convertirse en característica permanente del pantalón, cosida a él.
Los bolsillos demostraron de inmediato su utilidad, y en el siglo siguiente formaban ya parte de capas y abrigos de hombres y mujeres. Primero estuvieron situados en el borde inferior del abrigo, pero más tarde ascendieron hasta la altura de la cadera.
El Pijama
La palabra "pijama" proviene del Urdu "pae jamah" que significa "prenda para las piernas".Esta prenda que constituye el atuendo diurno de la India se convirtieron en prenda nocturna en Inglaterra, hacia 1880, llevados por los colonos que regresaban a su país.
No olvidemos tampoco que Coco Chanel puso de moda su "pijama de playa", demostrando la variedad de usos que puede tener esta prenda.A finales del siglo XVI, cuando la moda prescribía ropajes suntuosos, vestir algo más cómodo al acabar el día llegó a convertirse en todo un lujo.
Durante ciento cincuenta años, hombres y mujeres usaron indistintamente un camisón hasta los pies abrochado en su parte frontal y fabricado en lana o en terciopelo. Pero en el siglo XVIII, la moda unisex desapareció, y el camisón masculino fue acortándose.
Las Solapas
El origen de las solapas de la chaqueta está en las altas túnicas militares de cuello alto. Para ir más cómodos, los soldados desabrochaban los botones de arriba y abrían el cuello.
Cuando su uso pasó al traje civil, los sastres mantuvieron la muesca que marcaba el inicio del cuello originario y el ojal en el lugar en el que la túnica cerraba el cuello.
El Sombrero
Antiguamente se cubrían la cabeza con una especie de tocado que no se puede considerar propiamente como un sombrero; por ejemplo, los antiguos egipcios llevaban sobre la cabeza un casquete de cuero o de tela; el faraón cubría su peluca normalmente con un amplio pañuelo listado, pero en las ceremonias oficiales llevaba una tiara blanca o un gorro rojo.
En Mesopotamia se usaban turbantes o birretes de piel; por su parte, los sacerdotes israelitas llevaban un sombrero cónico, alto, de color blanco. Durante la época minoica las mujeres de Creta adornaban sus cabezas con tocados de formas muy variadas.
Más tarde, en Grecia, y después en Roma, no existió una prenda exclusivamente para cubrirse la cabeza, ya que era frecuente hacer servir con esta finalidad una especie de amplios mantos.
El verdadero sombrero nació en el siglo XIV y adquirió gran popularidad en toda Europa, aunque sus formas variaron de un país a otro. El traje renacentista halló en el sombrero su complemento más suntuoso; los materiales preferidos fueron el terciopelo o el paño, adornados con plumas, cintas y piedras preciosas; mientras tanto, el pueblo seguía llevando capucha y después adoptó un sombrero de forma redonda.
Al imponerse la moda de la peluca en el siglo XVII, el sombrero se hizo muy ancho y se adornó con encajes y plumas de forma semejante en los caballeros y en las damas.
El Traje
El traje masculino moderno se fue adoptando en Europa entre 1770 y 1880, inspirándose en Inglaterra: un calzón beige con botas de montar, un chaleco de otro color, cortado en cuadrado y un frac de paño liso abotonado en el delantero.
El traje de tres piezas de una misma tela (llamado terno por constar de tres piezas), no aparece hasta 1855, época en la que empieza a propagarse en la forma del traje sastre moderno.
Éste se llamó en su origen tweed, porque un sastre que lo fabricaba desde 1840, lo hacía con tejidos provenientes de esa región de Escocia.
Pantalones Vaqueros (década de 1860, San Francisco)
Antes de que los pantalones vaqueros o tejanos fueran azules, y antes incluso de que fueran pantalones, se daba el nombre de “jeans” a una tela de algodón tipo sarga, utilizada para confeccionar ropas de trabajo resistentes. Este tejido se fabricaba en la ciudad italiana de Génova, llamada por los franceses, Genes, de donde el nombre posterior de jeans.
Sin embargo, el origen de los pantalones vaqueros es la historia de un sastrecillo inmigrante de diecisiete años, llamado Levi Strauss. Cuando Strauss llegó a San Francisco durante la fiebre del oro, en la década de 18S0, se dedicó a vender la lona tan necesaria para las tiendas y los toldos de las carretas.
Astuto observador, comprendió que los mineros pulverizaban literalmente y en muy poco tiempo sus pantalones, por lo que Strauss confeccionó algunos utilizando gruesa tela de lona. Aunque ásperos y rígidos, estos pantalones demostraron ser tan resistentes que Strauss se vio muy solicitado como sastre.
Hacia el año 1860, sustituyó la lona por una tela más suave fabricada en Nimes, en Francia. Conocido en Europa como “serge de Nimes”, en América el nombre de este tejido se pronunciaba “denim”, y Strauss descubrió que tiñendo de un azul índigo los pantalones, originariamente de color neutro, aumentaba de modo considerable su popularidad, ya que las manchas que caían se veían menos.
Para conseguir un cómodo ajuste, los vaqueros remojaban en un abrevadero de caballos los pantalones de Strauss y después los dejaban secar al sol, para que se encogieran y quedaran a la medida. Pero si bien estos pantalones de sarga eran muy resistentes a los desgarrones, los mineros se quejaban de que el peso de las herramientas a menudo abría las costuras en los bolsillos, y Strauss solventó este problema aprovechando una idea de Jacob Davis, un sastre judío ruso.
En el año 1873 aparecieron remaches de cobre en las costuras de cada bolsillo, así como un remache en la base de la braguera para evitar que se descosiera la costura de la entrepierna cuando el minero trabajaba en cuclillas.
Sin embargo este remache en la entrepierna generó otro tipo de queja. Los mineros, que prescindían de toda ropa interior, descubrieron que al colocarse en cuclillas demasiado cerca de un fuego de campamento, el remache se calentaba hasta el punto de ocasionar una dolorosa quemadura.
El remache de la entrepierna fue abandonado. Los remaches de los bolsillos se mantuvieron hasta el año 1935, fecha en que se formularon quejas de muy distinta índole.
Eran muchos los niños que en todo el país llevaban pantalones vaqueros para ir a la escuela, y las autoridades docentes informaron de que los remaches del bolsillo posterior arañaban y estropeaban irremediablemente los bancos y pupitres de madera.
Así pues, los remaches de bolsillos fueron abandonados.
Los vaqueros, estrictamente utilitarios, se convirtieron por primera vez en prenda de moda en el año 1935, cuando apareció “un anuncio en la revista “Vogue”. Representaba a dos mujeres de la alta sociedad ataviadas con bien ajustados vaqueros, y pregonaba una tendencia llamada “chic del Oeste”.
Sin embargo, poco representó esta novedad comparada con la erupción que produjo la competición entre diseñadores de pantalones vaqueros en los años setenta. Esta prenda, en otro tiempo destinada al trabajo, se convirtió en la indumentaria más adecuada para las actividades al aire libre, creando una industria multimillonaria.
En el apogeo de la guerra entre los diseñadores de vaqueros, los pantalones Calvin Klein, por ejemplo, a pesar de su elevado precio, cincuenta dólares (o tal vez a causa del mismo), se vendían a razón de 250.000 unidades por semana.

