Hoy te traigo un hecho real transformado en relato, con la esperanza que te pueda servir como referente para no bajar la guardia y recordar la existencia de casos, que a pesar de ser atípicos, ocasiónales o raros, están presentes para no olvidarlos.
Un día, una clienta habitual me trajo unas cortinas para limpiar, la composición de sus fibras era mixta, poliéster con algodón, de características sencillas, sin dibujos ni estampaciones, de un color uniforme beig claro.
En el momento de comprobar sus medidas para realizar el correspondiente registro de entrada, no se detecto el mínimo indicio que fuese objeto de una observación al cliente.
Todo de lo más normal, de lo más habitual, extremadamente cotidiano.
Sin ningún preámbulo que destacar, las cortinas pasan a la espera de su turno para el lavado.
Cuando llega el momento de realizar el tratamiento de limpieza, elijo el agua como proceso de limpieza.
El programa de lavado adecuado a la prenda, se emplean los productos idóneos, la capacidad de la maquina, más que suficiente. Nada hacía vaticinar lo que sucedería después.
Al terminar todo el ciclo se comprueba a través del cristal de la puerta un resultado óptimo, el esperado.
Comienzo la extracción de las prendas, de repente me paro... ¡no puede ser!... ¿que ha ocurrido aquí?
Veo roturas... maldita sea... sigo sacando la piezas, las roturas están presentes en todos los paños.
Calma... veamos que puede haber sucedido y ¿Por qué?.
Extiendo una a una las cortinas... compruebo que todas las zonas rotas coinciden en una línea longitudinal... la forma de todas las roturas corresponde a la trama del tejido.
Examino con detalle el tejido, veo que cede abriéndose más si tiro de él en las zonas dañadas.
El paño es prácticamente liso, sin relieve suficiente como para que los ganchos de sujeción no sean los causantes, además, no se aprecian tirones o rasgaduras propias a este tipo de causas por ningún sitio.
Mi conclusión es que el causante del problema apunta al sol. No le veo otra explicación. (mira las imágenes que ilustran el artículo, te ayudaran a comprenderlo mejor)
Las zonas rotas coinciden, la urdimbre está en perfecto estado, la trama es la que soporta la rotura y corresponden con las fibras de algodón.
No me cabe duda, es un accidente que no se podía prever, el color claro no transmitía signo alguno de la decoloración característica que suele presentar a modo de aviso una cortina a la exposición de la luz solar.
Me salto los detalles que no son relevantes a la hora de comentar lo sucedido con la clienta. Solo mencionar que solicita la hoja de reclamaciones.
Como suele suceder en estos casos y una vez cumplimentados los trámites administrativos, el asunto queda a la espera de conocer la fecha para la celebración del Arbitraje.
Para acelerar un poco el relato, paso a detallar el laudo.
Se reconoce que efectivamente, el daño no podía preverse, pero que el echo de conocer la posibilidad y existencia de que un tejido expuesto a la luz solar y a pesar de que no muestre daños evidentes o que hagan sospechar de estar sujetos a un deterioro después de un tratamiento de limpieza, no libra de la responsabilidad de ese resultado.
El conocer esta posibilidad de causa y efecto, por mínima, ocasional o de difícil aparición, no exime de la pertinente responsabilidad.
Siendo conscientes de esta existencia, se debía de haber informado al cliente de esa eventualidad, para que él asumiera el riesgo.
La indemnización corresponde a un porcentaje sobre el valor y la antigüedad de las cortinas.
Si me preguntas que opinión merece este laudo, te diré que es justa, tanto del lado del cliente, como desde el mío.
A modo de moraleja, decirte que estamos en la obligación de informar al cliente de todas las posibilidades que puedan surgir de un proceso de limpieza, al margen de que el artículo presente o no, signos que evidencien la aparición de esos daños.
Seguramente habrá discrepancias sobre lo relatado. No es mi objetivo la discusión o el tratarlas.
Solo pretendo darte a conocer una experiencia y que te pueda servir evitar una situación perfectamente eludible. No la infravalores.
¡Suerte!

Fernando
said:
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... Nos paso hace unos mese exactamente tal y como lo describes, tuvimos suerte que el cliente era de confianza, y después del enojo producido por el disgusto inicial, todo pasó, el siniestro fue asumido por él y sigue siendo cliente (por suerte), pero no es lo habitual su forma de actuar. Como bien dices, son casos muy raros, pero a tener en cuenta. Puesto que además en un principio y a pesar de ser de confianza, negaba que a las cortinas las diera el sol. Cuando yo ví la ventana (y comprobé que si le daba el sol, sabiendo que las cortinas tenían ya sus años y el tipo de tejido, no me pareció tan raro lo que pasó, no normal, pero tampoco tan raro. Un saludo. |
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